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Colombia y la CBI
• ¿Que es la CBI?

La Convención Internacional para la reglamentación de la caza de Ballenas fue realizada en Washington el 2 de diciembre de 1946. Para la época la comunidad internacional se alertó por la caza indiscriminada de las ballenas que estaba originando su extinción y los representantes de algunos Gobiernos, preocupados por dicha situación, decidieron aunar esfuerzos para contrarrestar la situación que estaban viviendo estos mamíferos. La Convención reconoce el interés que deben tener todas las naciones del mundo en preservar para las futuras generaciones las grandes riquezas naturales constituidas por las existencias balleneras, así mismo, se considera que durante la historia ballenera, estos mamíferos se han cazado en exceso y es necesario proteger todas las clases de ballenas.

La Convención ha sido ratificada por 79 países y tiene como objetivo principal procurar la conservación adecuada de las existencias balleneras y permitir el desarrollo coordinado de la industria ballenera en el ámbito global. La Convención reconoce el interés que deben tener las naciones del mundo en preservar para las futuras generaciones las grandes riquezas naturales constituidas por las existencias balleneras y considera que durante la historia estos mamíferos se han cazado en exceso y que es necesario proteger todas las clases de ballenas contra los excesos de pesca. Como resultado de la ratificación de la Convención, la gran mayoría de países balleneros que firmaron la convención ya no cazan ballenas, pues se han encontrado sustitutos a todos los productos que obtenían de las mismas, es decir que esta industria ballenera es una industria caduca y obsoleta, sólo vigente en tres países, que ya no saben cómo mantenerla a flote, porque no existe demanda.

Para lograr los objetivos de la Convención se crea la Comisión Ballenera Internacional (art. III). Esta Comisión está compuesta por un miembro de cada Parte Contratante, el cual tiene derecho a voto. Una de las funciones importantes de esta Comisión es que tiene la facultad de enmendar, por mayoría de las tres cuartas partes de sus miembros votantes, el Reglamento anexo a la Convención, que forma parte integrante de la misma. La CBI es el único órgano reconocido internacionalmente para controlar la caza ilegal de ballenas, fue fundada por quince países balleneros con el objetivo de “proporcionar una conservación adecuada a las poblaciones de ballenas” y “hacer posible el desarrollo ordenado de la industria ballenera”. Para ello, proporciona protección completa a algunas especies, crea santuarios balleneros, designa áreas de captura, establece temporadas de caza y veda, fija cuotas de caza y prohíbe la captura de ballenatos y de hembras que vayan acompañadas por sus crías. Todas estas labores se basan en las determinaciones de los comités (científico, técnico, administrativo y conservación) y subcomités específicos que se encargan por ejemplo, de la caza de ballenas practicada por aborígenes por razones de subsistencia o de las infracciones. El Comité científico determina las poblaciones de ballenas y esa información es la base sobre la que la CBI desarrolla sus regulaciones, que requieren de los votos de tres cuartos de los comisionados. Además, realiza los estudios oportunos de seguimiento estadístico y biológico de las poblaciones de cetáceos y recopila informes sobre la caza, etc. Cualquier cambio se convierte en efectivo 90 días después de aprobado, a menos que un Estado presente una objeción, en cuyo caso la nueva regulación no se aplica a ese país. Este proceso puede emplearse cuando un Gobierno considera que sus intereses nacionales o su soberanía pueden resultar afectados.

En la actualidad se ha venido presentando un cambio de posición en la CBI, se ha pasado de un enfoque de entidad “administradora de recursos” a un organismo que se preocupa por conservar los recursos y que reconoce el mayor valor que tienen estos recursos si están vivos. Esto se ha visto plasmado en la condena de la CBI a la cacería científica, y en el rechazo de las propuestas de Japón de reanudar la cacería comercial a pequeña escala. Por esto se espera que el bloque regional conformado por los países latinoamericanos siga creciendo y fortaleciéndose en los próximos años. La adhesión de nuevos países a la CBI es fundamental para consolidar un bloque fuerte que represente los intereses sociales, ambientales y económicos de la región, y garantice la efectiva conservación del recurso ballena para el goce y beneficio de las generaciones presentes y futuras.

COLOMBIA POR LAS BALLENAS

¿Por qué es importante la conservación de las ballenas para Colombia?

Los grandes cetáceos, como las ballenas, tienen mucha más importancia en el equilibrio natural de los mares de lo que se suele creer. El científico indio Victor Smetacek ha descubierto un importante ciclo de equilibrio que afecta al plancton de los mares, y en definitiva al clima y la vida en la tierra. Todo está interrelacionado, y prueba de ello es lo ocurrido con las ballenas azules en el pasado S. XX. De las 300.000 que había, quedaron solo 350 ejemplares, víctimas de las matanzas sin control por parte de los balleneros. Contra todo pronóstico, esto originó una caída del plancton del que se alimentan las ballenas (el krill), porque son las ballenas las que reciclan el hierro y lo convierten en fertilizante para el nacimiento del nuevo plancton. La producción de este fitoplancton es el mecanismo sin comparación, más importante, para la reducción del CO2 en la atmósfera. El fitoplancton captura muchísimo más CO2 para generar oxígeno, que todos los bosques juntos de la tierra (aproximadamente un millón de toneladas al año). Sin ballenas, el kril entrará en crisis con las consecuencias climáticas añadidas. Por tanto no solo se trata del daño moral por la desaparición de especies. La caza de ballenas puede tener consecuencias drásticas y desconocidas al delicado equilibrio de todos los ecosistemas de nuestro planeta.

En Colombia, la importancia de las ballenas se circunscribe al tema de ecoturismo de observación, pues en nuestro país no se presenta la caza comercial de este tipo de especies.

El ecoturismo de observación de ballenas se ha convertido en una importante fuente de ingresos en las costas colombianas de Bahía Málaga y Bahía Solano. Entre 2000 y 2002 se registraron 116 embarcaciones de turismo de observación en Bahía Málaga y al menos 10.000 turistas, que proporcionaron a los motoristas de la zona ingresos de al menos US$ 60.000 solo por concepto de venta directa de pasajes, considerando que alcanzan un valor entre US$ 6 a 8 desde el sitio de embarque más cercano. Las ballenas llegan a esta costas con el fin de reproducirse, motivo por el cual se presencia un hermoso espectáculo de hembras con crías, acrobacias (saltos, cantos y coletazos) y animales cantores. Es por esto que en los últimos años se ha incrementado el número de personas que llegan a estas costas con el fin de presenciar este espectáculo. De esta forma, nuestro país posee un interés tanto ecológico como económico en la preservación de estas especies, además de beneficios sociales, culturales y educativos.
El ecoturismo de observación de especies marino- costeras, es una actividad que se desarrolla a nivel mundial a gran escala; en alrededor de 100 países se realiza alguna forma de avistamiento de cetáceos, lo que permite generar ingresos significativos y contribuir a la conservación del medio ambiente. Algunos ejemplos, se encuentran en el Ecuador en donde se ofrecen paquetes turísticos completos, dirigidos a personas de todas las edades, para disfrutar del placer de las ballenas en su entorno natural. Dichos paquetes generan ingresos directos por alrededor de US $4 millones a las poblaciones costeras, y más de US $ 23 millones si se toman en cuenta las Islas Galápagos. En Méjico esa actividad va en aumento, ya que se hace observación de ballenas y delfines en diferentes zonas costeras del Pacífico y el Atlántico. Esta industria movilizó unos cuatro millones de personas en 1991 y llegó a cerca de nueve millones en 2001, con una tasa de crecimiento de 21,4% anual, registrando ingresos globales estimados en US $1.253 millones en 2001 por concepto de tours, viajes, alimentación, alojamiento y souvenirs.
Las ventas directas de pasajes crecieron de US $77 millones en 1991 a unos US $300 millones en 1998. Para la gestión en este renglón productivo se requiere considerar como prioridad del ecoturismo de observación de ballenas, la minimización de los impactos ambientales y ecológicos, incluyendo efectos sobre el comportamiento de los cetáceos. De esta forma, se beneficiarán la industria de la observación de ballenas, las comunidades costeras que de manera directa o indirecta se vinculen a esta actividad y los ecosistemas marinos. Esto se debe realizar, teniendo en cuenta las características migratorias de las ballenas, a través de un esfuerzo regional e internacional, dando aplicación a un postulado básico del derecho ambiental “pensar globalmente y actuar localmente”. En la costa Pacífica, Ecuador, Colombia y Panamá han reglamentado la observación de ballenas pero las normas se cumplen parcialmente por falta de control. Solamente Panamá, Perú, Chile y Ecuador forman parte de la Comisión Ballenera Internacional. Cada país ha delimitado áreas marinas protegidas, pero la amplia distribución de las ballenas jorobadas hace que sean insuficientes para garantizar su manejo adecuado. En 1990 Ecuador declaró sus aguas territoriales como Refugio de Ballenas y declaró también como santuario de ballenas a la Reserva Marina de Galápagos. Por su importancia ecológica para las ballenas jorobadas, Chile creó en 2003 el Parque Marino Francisco Coloane en el área del Estrecho de Magallanes, y se encuentra analizando seriamente la posibilidad de declarar un Santuario para las Ballenas a todos sus mares territoriales, sin embargo, todavía no dispone de un plan de manejo del área y la protección es sólo formal.
Se hace evidente entonces la importancia que tiene para Colombia fortalecer el turismo de observación de tal manera que contribuya al mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades locales, al desarrollo de procesos de fortalecimiento organizativo y al establecimiento de categorías de conservación que contribuyan a la conservación de las ballenas. Con respecto a este último punto existe una iniciativa desarrollada por la Unidad de Parques, la Corporación del Valle del Cauca (CVC) y otras organizaciones gubernamentales, no gubernamentales y comunitarias que tiene como propósito avanzar en la definición y puesta en marcha de estrategias de conservación de los valores naturales y culturales de la región de Bahía Málaga, el establecimiento de un mosaico de conservación y la declaratoria de categorías conforme a la legislación nacional.
Esta región es de gran importancia dado, entre otros aspectos, que posee la tasa de nacimiento de ballenas jorobadas más alta del mundo, entre 19 y 28% y en este sitio estas especies llevan a cabo actividades fundamentales en su ciclo de vida: apareamiento, parto, lactancia y crianza, reposo y socialización.

La protección de las ballenas a través de instrumentos internacionales

Las ballenas son catalogadas como especies migratorias, por lo tanto su protección y conservación debe corresponder a un esfuerzo aunado de los países que ven llegar a sus costas estas especies, así como de los países que realizan actividades de pesca en los océanos. Tal necesidad se refleja en los múltiples tratados multilaterales y regionales que se han promulgado, algunos de ellos suscritos por nuestro país.
Colombia ha suscrito alrededor de once tratados y acuerdos internacionales, algunos de ellos se relacionan de manera indirecta con la protección de las ballenas, estos son: Convenio de Diversidad Biológica, la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural y la Convención para la Protección del Medio Marino y la Zona Costera del Pacífico Sudeste, CITES y el Convenio Internacional para Prevenir la Contaminación por los Buques (marpol). No obstante, en la actualidad el único instrumento internacional de carácter mundial dirigido exclusivamente a la protección de las ballenas y regulación de la caza a la que se han visto sometidas durante años en aguas internacionales, es la Convención Internacional para la reglamentación de la caza de ballenas y hasta el momento Colombia no es parte de este foro.
Los Convenios que ha suscrito Colombia en el tema, se refieren en algunos casos a la protección de la diversidad y a la protección de hábitats y ecosistemas y promueven, además, el establecimiento de áreas protegidas; otros tienen como objetivo principal la protección del medio marino con miras a prevenir la contaminación y otros buscan proteger las especies del comercio internacional. Del primer caso es el Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB), a partir del cual se desarrolló la Política Nacional de Biodiversidad. Este Convenio tiene como objetivos: la conservación de la diversidad biológica, la utilización sostenible de sus componentes, y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos. El Convenio en su artículo 22 sostiene que las Partes Contratantes aplicarán el CDB con respecto al medio marino, de conformidad con los derechos y obligaciones de los Estados con arreglo al derecho del mar. En esta misma línea, la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural6, busca promover la protección de sitios naturales de importancia internacional. Cuando el Estado suscribe esta Convención se compromete a conservar no sólo los bienes del Patrimonio Mundial localizados en su territorio sino también a proteger el patrimonio nacional. En el año 2006 Colombia inscribió dentro de la Lista del Patrimonio Mundial, el Santuario de Flora y Fauna de Malpelo. Este último es de suma importancia para la protección de las ballenas y la protección de los ecosistemas marinos ubicados en la región pacífica.
Por otro lado Colombia hace parte de la Comisión Permanente del Pacífico Sur (CPPS) dentro de cuyos lineamientos y estrategias se encuentra el desarrollo de tratados a nivel regional con el objetivo de proteger el medio ambiente marino de toda la región pacífica. A partir de ésta, se desarrolló la Convención para la Protección del Medio Marino y la Zona Costera del Pacífico Sudeste, la cual se aplica para todos los países de la región: Chile, Colombia, Ecuador, Panamá y Perú, con el ánimo de: “impulsar la cooperación regional para la reducción, control y prevención de la contaminación del medio marino y las zonas costeras del Pacifico Sudeste a través de una gestión ambiental adecuada de los recursos naturales”. Posteriormente la CPPS promulgó el Protocolo para la Conservación y Administración de las Áreas Marinas y Costeras Protegidas del Pacífico Sudeste. El objetivo es preservar y proteger los ecosistemas frágiles o vulnerables haciendo particular énfasis en la flora y fauna amenazada de agotamiento y extinción. Para tal fin, las Partes establecerán diferentes categorías de áreas protegidas dentro de su jurisdicción. Este protocolo establece la importancia de declarar áreas protegidas como estrategia de conservación, sin embargo hasta el momento no han sido cabalmente aplicadas en ese sentido.
En lo relacionado con los convenios cuyo objetivo es el tema de la contaminación, Colombia hace parte de algunos que contribuyen indirectamente a la conservación de las ballenas a través de acciones que permiten reducir el impacto de la actividad portuaria y la reducción de los niveles de contaminación, como es el caso del Convenio Internacional para Prevenir la Contaminación por los Buques (marpol). El Convenio tiene por objeto prevenir la contaminación del medio marino que sea provocada por la descarga de sustancias perjudiciales provenientes de buques, constituyéndose en el principal instrumento vigente en materia de lucha contra la contaminación por buques y sus disposiciones forman parte de las reglas y estándares internacionales generalmente aceptados.
Por otro lado, desde el año de 1981 Colombia forma parte de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres – CITES. El Objetivo de la Convención es controlar y prohibir el comercio internacional de especies amenazadas, así como reglamentar el comercio de otras especies que podrían llegar a verse amenazadas. Se pretende proteger la explotación realizada de forma indiscriminada, pero no regula el comercio doméstico ni la protección de los hábitats. La Convención utiliza criterios biológicos y comerciales para determinar la vulnerabilidad de una determinada especie, y así poder colocarla dentro de alguno de sus tres apéndices. Este convenio ha permitido lograr avances en el tema del comercio de especies amenazadas pero deja por fuera aspectos como la regulación del uso domestico de las especies, la cacería como subsistencia, la protección de los hábitat y la mitigación de la pesca incidental.
Así mismo, a nivel nacional, existe un marco jurídico que protege el medio ambiente y los recursos naturales, a través de la Constitución Política de Colombia, el Código Nacional de los Recursos Naturales Renovables y de Protección al Ambiente y La Ley 99 de 19937, en donde es pertinente la protección y conservación de las especies en peligro de extinción como las ballenas. La ratificación de estos convenios y tratados internacionales ha permitido avanzar en el desarrollo de la política y legislación, sin embargo, estos convenios no involucran el desarrollo de una estrategia internacional que promueva la protección y conservación de las ballenas.

Una oportunidad para Colombia: la estrategia regional de ballenas

Colombia ha venido desarrollando en conjunto con representantes de Ecuador, Perú, Chile y Panamá la Estrategia Regional para la Conservación de la Ballena Jorobada del Pacífico Sudeste, así como los Lineamientos de un Plan de Acción Regional e Iniciativas Nacionales. En este marco esta iniciativa surge con el propósito de facilitar y promover la conservación de una especie de interés común y por la necesidad de mejorar la eficacia de las medidas de conservación adoptadas, de manera que se impulse la acción coordinada de los cinco países que comparten esta especie transfronteriza. El objetivo del plan regional es guiar y enmarcar un programa a largo plazo para la conservación de la ballena jorobada del Pacífico Sudeste en todo su rango de distribución conocido entre Panamá y Chile.
Esta iniciativa considera la historia natural de la especie, un diagnóstico de la situación de conservación en la zona, la estrategia de conservación como tal y un plan de acción de evaluación de impacto de la implementación de la estrategia. El objetivo es lograr un manejo efectivo a nivel regional, con base en la estabilización o incremento de las poblaciones a lo largo de un período de 20 años en el que se implementarán procesos de conservación, a través de acciones como: promover la creación de nuevas áreas marinas protegidas en los hábitat críticos de conservación, crear y reforzar mecanismos de cooperación nacional e internacional, impulsar el establecimiento de políticas, leyes y regulaciones para la conservación de la especie, investigar y monitorear impactos naturales y antrópicos sobre la especie, fortalecer programas de cooperación técnica de las organizaciones pertinentes y promover acciones de divulgación y educación ambiental para la conservación de la especie.
Analizando el contexto a nivel regional, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y Chile son signatarios de los principales acuerdos internacionales para el manejo de vida silvestre, y cuentan con instrumentos legales para el manejo de la diversidad biológica marina que incluyen a las ballenas jorobadas y otros mamíferos marinos. Sin embargo, se han hecho pocos esfuerzos para reducir el impacto de las actividades humanas sobre las ballenas. Ecuador, Colombia8 y Panamá han reglamentado la observación de ballenas pero las normas se cumplen parcialmente por falta de control. De todos estos países, Panamá, Perú, Chile y Ecuador ya forman parte de la Comisión Ballenera Internacional, sólo faltaría Colombia.

Convención Internacional para la Reglamentación de la Caza de Ballenas –Ventajas de la ratificación para Colombia–

Después de haber analizado los convenios ratificados por Colombia y el texto de la convención, podemos inferir lo siguiente:

a. La Convención es el único tratado internacional dedicado exclusivamente a la regulación de la caza de ballenas y se establecen parámetros para la conservación de estas especies al no permitir la sobreexplotación de las mismas.

La convención ha permitido de manera efectiva el mantenimiento y conservación de los stocks de ballenas, reconociendo la importancia que tienen estos recursos. Se constituye a nivel mundial en una valiosa herramienta para incrementar y mejorar los esfuerzos de investigación y conservación de las ballenas. Existen suficientes evidencias que demuestran que conservar las ballenas produce mayores oportunidades de beneficios sostenibles y de reducción de la pobreza, que matarlas. Colombia es un país no consumidor de carne de ballena, y nunca ha tenido un aprovechamiento de otros productos que puedan derivarse de la misma. En la región del Pacifico sudeste no existe la caza de subsistencia, pero Colombia viene desarrollando una industria creciente fundamentada sobre el aprovechamiento no letal de los cetáceos por medio del avistamiento de ballenas. Dentro de los múltiples beneficios que otorga la participación como miembro de la CBI se encuentre la posibilidad de desarrollar sistemas de manejo y monitoreo tendientes a garantizar la sostenibilidad de actividades de uso no letal como el Turismo de Avistamiento de Cetáceos, actividad que se encuentra aún incipiente en nuestro país y del cual se pueden obtener grandes beneficios económicos.

b. Es de vital importancia desarrollar una estrategia internacional de conservación, dado el carácter migratorio de estas especies y las amenazas a las que se enfrentan.

La protección de las ballenas en Colombia se está realizando hasta el momento de forma indirecta, a través de tratados internacionales que tocan tangencialmente el tema de las ballenas. En virtud de este marco jurídico, las autoridades ambientales y los particulares deben dar aplicación al principio de precaución conforme al cual, cuando exista peligro de daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces para impedir la degradación del medio ambiente. Esto es importante en el tema de ballenas pues se reconoce que las actividades humanas que afectan a la especie y sus hábitats se regulan en virtud del principio de precaución.
El ser parte de la Convención y contar con una estrategia a nivel internacional, permitirá lograr un mayor y mejor intercambio de información por parte de los estados, fortaleciendo la cooperación internacional y promover los compromisos de los países enfocados a reducir las actuales amenazas para la supervivencia de estas especies. Aunque se han desarrollado diferentes programas y proyectos de conservación y protección de las ballenas jorobadas, pocas iniciativas han sido orientadas hacia un esfuerzo coordinado, de tal forma que asegure la protección de sus hábitats críticos y su ciclo de vida migratorio. Por lo tanto, es necesario aunar esfuerzos para que la protección de las ballenas se realice de una manera eficaz. Es importante fortalecer el desarrollo de acciones de la región de Latinoamérica cuyos miembros conservacionistas son: México, Belice, Nicaragua, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Perú, Chile, Brasil, Ecuador, Uruguay y Argentina, países que forman parte de la Comisión Ballenera Internacional. Actualmente se encuentran por fuera Colombia y Venezuela. A nivel regional existe la posibilidad de un Acuerdo Regional Latinoamericano, un paso muy importante para la conservación de las ballenas de la región. Este Acuerdo contribuirá a reforzar la postura de los doce países conservacionistas latinoamericanos que integran la Comisión Ballenera Internacional, los cuales conforman el “Bloque Latinoamericano” y que representan un tercio de las naciones conservacionistas del Planeta.

c. Posibilidad de incidir en su desarrollo y participar en la toma de decisiones.

Al ser parte de la Convención, el país tendrá la oportunidad de formar parte de la Comisión Ballenera Internacional y de las decisiones que al interior de la misma se adopten. De la misma forma, puede formar parte del bloque latinoamericano conservacionista o Grupo de Buenos Aires, para hacer efectivo su voto a favor de las ballenas y consolidar un bloque fuerte que represente los intereses sociales, ambientales y económicos de la región, que garanticen la efectiva conservación de las ballenas para el goce y beneficio de las generaciones presentes y futuras Colombia ha participado como observador en estas reuniones, en las cuales los países han logrado consolidar una posición con el fin de: mantener la actual moratoria de la caza comercial de ballenas, promover dentro de la CBI los Santuarios balleneros del Atlántico y Pacífico Sur, establecer la eliminación de la caza científica amparada en permisos especiales, promover la investigación a través de métodos no letales, fortalecer el trabajo del Comité de Conservación de la CBI, firmar un acuerdo latinoamericano para el uso no letal y la conservación de cetáceos y promover una mayor participación de los países en desarrollo en la CBI, reconociendo la importancia de que la Sociedad Civil acompañe las actividades de los Comisionados de América Latina.
La participación de Colombia garantizaría un posicionamiento sólido de los países del Cono Sur para impulsar la conservación y el desarrollo regional en la Agenda de la CBI. Así mismo, tendría la oportunidad de trabajar en favor del efectivo cumplimiento de los objetivos establecidos en la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas respecto a la conservación de las poblaciones de cetáceos a nivel mundial. Colombia tiene una trayectoria conservacionista ratificada como firmante de varios convenios ambientales internacionales. Sin embargo ninguno de estos foros tiene la autoridad que detenta la CBI sobre cetáceos. De allí la importancia de que Colombia suscriba la Convención ratificando con ello su compromiso con la conservación del medio ambiente, el turismo de observación y la diplomacia ambiental.

d. Fortalecimiento de la capacidad nacional. Actualmente, la construcción colectiva de una Estrategia Regional para la Conservación de las Ballenas Jorobadas, se constituye en una oportunidad para integrar esfuerzos a nivel nacional que dinamicen la implementación de los planes de acción encaminados a la conservación de estas especies.

Así mismo, esta estrategia sirve de base para el desarrollo de lineamientos y acciones para la conservación del resto de especies de mamíferos marinos, en el marco de la Convención. Se cuenta con una base metodológica y experiencia de trabajo de varias organizaciones en este tema.
Colombia ha demostrado públicamente el interés de ser parte de la Convención, con el fin de fortalecer los esfuerzos de conservación y ha reafirmando un enfoque basado en el aprovechamiento no letal y sostenible de los mamíferos marinos, entre los cuales se cuentan las ballenas. A esto se suma las ventajas socio económicas implícitas en un enfoque de aprovechamiento no letal que constituye una alternativa de desarrollo sostenible.
En este sentido, ha sido la posición tradicional del país propender por el desarrollo de sinergias entre las diferentes Convenciones y Acuerdos Internacionales Ambientales que han sido ratificadas por Colombia, que se ocupan de la conservación de la diversidad biológica y el manejo ecosistémico de especies y sobre los cuales se han desarrollado políticas y acciones a nivel nacional. Entre estos instrumentos se incluyen el Convenio de Diversidad Biológica, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), la Comisión Permanente del Pacífico Sur (CPPS), entre otros.

e. Fortalecimiento del Crecimiento Económico del país y Mitigación de la pobreza.

En consonancia con las Declaraciones de Grupo de Buenos Aires de 2006, 2007 y 2008, en las cuales Colombia ha participado como observador, la implementación del turismo de avistamiento de ballenas de alta calidad y bien manejado promueve el crecimiento económico, el desarrollo social y cultural de las comunidades locales, aportando beneficios educativos y científicos, a la vez que contribuye a la protección de las poblaciones de cetáceos. El turismo de observación de cetáceos y la investigación científica no letal son actividades cuyo desarrollo debe ser apoyado y alentado por los países de la región latinoamericana.
Tal como se mencionó anteriormente, el turismo de avistamiento de cetáceos es realizado en alrededor de 100 países y genera ingresos por más de mil millones de dólares al año contribuyendo al crecimiento económico, al desarrollo de las comunidades costeras y a la conservación y valoración de las especies de cetáceos como parte irremplazable del Patrimonio Natural Marino. Ante la precaria situación económica de la región pacifica colombiana, el ecoturismo de avistamiento de ballenas constituye una alternativa que brinda beneficios directos e indirectos a las comunidades que lo desarrollan, gracias a la generación de nuevas fuentes de trabajo y diversificación de la industria local. Adicionalmente, la actividad ha demostrado ser una valiosa herramienta educativa que promueve el desarrollo de programas científicos locales e incentiva la conservación del patrimonio natural, cultural e histórico de las naciones. La actividad registra un crecimiento acelerado que ha permitido su establecimiento en Argentina, Brasil, Ecuador, México, República Dominicana y Uruguay. No quedan dudas de que los beneficios que brinda el turismo de avistamiento realizado en forma responsable superan ampliamente a los resultantes de la cacería de ballenas. Esta industria es historia del pasado, hoy la sociedad desea disfrutar de la presencia de los cetáceos en los mares del mundo.
Por todo lo anterior, es importante empezar a considerar los beneficios reales que representa ser parte de la Comisión Ballenera Internacional si se quiere lograr la conservación efectiva de las ballenas y el desarrollo socioeconómico de las poblaciones costeras del Pacífico colombiano.

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